CAPÍTULO 6

Nombres propios

§ 1. Los nombres propios son palabras que nombran individuos sin referencia alguna a su especie. Al escribirlos se los inicia siempre con letra mayúscula.

    Hay, entre otros, nombres propios de personas como Juan; de animales, como Bronco; de continentes, como América; de naciones, como Argentina; de regiones, como la Selva Negra; de ciudades, como Barcelona; de barrios, como San José de Flores (Buenos Aires); de islas y archipiélagos, como Creta y Tierra del Fuego; de aldeas, como el Toboso; de calles y plazas, como Avenida Rivadavia y Plaza Italia (Buenos Aires); de mares y océanos, como el Adriático y el Atlántico; de ríos, como el Amazonas; de lagos, como el Victoria; de montes, como el Sinaí; de cordilleras, como Los Andes; de vientos, como el Zonda; de los meses del año, como Enero; de festividades religiosas, como Pascua; de los puntos cardinales, como el Norte; de estrellas, constelaciones y demás cuerpos celestes, como la estrella Polar, Orión y el Cometa Donati; de números, como siete; de instituciones, como el Automóvil Club Argentino o su acrónimo el ACA; de obras de arte, como La Gioconda; de períodos históricos, como la Edad Media; de personajes, como Don Quijote; etc.

    Entre los nombres propios de persona hay nombres de pila, como Miguel y Aldonza; apellidos, como Cervantes y Lorenzo; hipocorísticos, como Pepe de José; apodos, como el Chancho (no puedo decir de quién); seudónimos, como Azorín, de José Martínez Ruiz; y, limitados a ciertos personajes históricos, mixturas de nombre de pila y apodo, como Juana la Loca.

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    Se construyen con artículo los nombres propios de los vientos, océanos, mares, ríos, lagos, montes y cordilleras, y los de algunas regiones, provincias, ciudades, municipios y barrios; p.ej., el Ábrego, el Atlántico, el Mediterráneo, el Paraná, el Lácar, el Everest, los Alpes, la Mancha, las Palmas, el Cairo y las Vegas, Las Choapas, Las Condes.

    En algunos nombres de naciones la construcción con artículo es optativa; así, el Japón y Japón, el Brasil y Brasil, el Perú y Perú, los Estados Unidos y Estados Unidos.

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    Hay nombres propios del género gramatical masculino, como José, Antonio, Manuel, el Paraná, Abril; y del femenino, como Eva, Consuelo, Manuela, Las Vegas, Francia.

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    Cuando un nombre propio se reitera, va a veces precedido por el tal o la tal; p.ej., el tal Edison es el más sabio (...). (M. de Unamuno, 'Verdad y vida') ¡Buena pieza era la tal Refugio! (B. Pérez Galdós, 'La de Bringas')

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    Los nombres propios de persona se usan frecuentemente precedidos por el título Señor, Señora o Señorita, con el artículo antepuesto si no ofician de vocativo; p.ej.,

la señorita Gloria está asustada (...). (B. Pérez Galdós, 'Gloria')

- Señor Dahlmann, no les haga caso a esos mozos (...). (J. L. Borges, 'El sur')

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    En algunas ocasiones, hay hablantes que suelen anteponer al nombre propio un artículo o adjetivo demostrativo o posesivo. Son usos de índole familiar, cariñosos o despectivos - y a veces puramente exclamativos -; p.ej.,

¿La Beatriz viene a verte? (B. Pérez Galdós, 'Halma')

Esta Camila es el mismo demonio. (B. Pérez Galdós, 'Lo prohibido')

¡... Ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot! (C. Flores, 'Margot')

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    Suelen usarse como nombres propios los sustantivos papá, mamá, madre y padre; p.ej.,

Papá dice que eso es bueno (...). (R. J. Payró, 'Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira')

Mamá no se atrevía a dar un paso fuera del patio. (H. Quiroga, 'El perro rabioso')

Padre está zurrando a la vieja. (Pío Baroja, 'La lucha por la vida - La busca')

Madre (...) se ponía detrás de la columna (...). (M. de Unamuno, 'La tía Tula')

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    Suelen preceder a los nombres propios los títulos San, Santo, Santa, don, doña, fray y sor; p.ej.,

de qué color está vestido San Rafael Arcángel. (G. García Márquez, 'Cien años de soledad')

tomó asilo en el convento de Santo Domingo. (R. Palma, 'Tradiciones peruanas')

El hermano de Santa Teresa (...) se encogió de hombros (...). (R. Palma, 'Tradiciones peruanas')

Don Sebastián de Covarrubias (...) nos dejó escrito (...) que el amarillo es el color de los enamorados. (G. García Márquez, 'Botella al mar para el dios de las palabras')

Doña Catalina de Chávez era la viudita más apetitosa de Chuquisaca. (R. Palma, 'Tradiciones peruanas')

Recuerde usted la aventura de fray Luis de León. (Azorín, 'El escritor')

La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz es el último escrito de Sor Juana. (O. Paz, 'Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz en su tercer centenario')

 

§ 2. Usos atípicos de los nombres propios.

Los nombres propios se usan a veces como nombres de nombres propios. En efecto. Un recurso habitual para nombrar una expresión lingüística es simplemente decirla. Así, en las oraciones siguientes se nombran las expresiones mariposa, Juan es gordo y María y Pedro diciéndolas:

Mariposa es una palabra de tres sílabas

Juan es gordo es una oración

María es un nombre propio

Pedro consta de dos sílabas.

    Esta práctica engendra un número indefinido de homónimos (mariposa, p.ej., nombra en un sentido a las mariposas, y en otro a la expresión mariposa). Para el tratamiento de algunos temas tal proliferación homonímica llega a ser intolerable y los autores exactos la evitan cuidadosamente cuando escriben. A tal fin se valen de algún expediente gráfico (comúnmente, el entrecomillado o el uso de un tipo de letra diferente); p.ej., escribirían

'María'es un nombre propio

'Juan es gordo'es una oración.

Igualmente, escribirían

Yo me llamo 'Antonia'

Él se apellida 'Ancamil'

Al capataz le decimos 'El Chancho'

A él lo apodan 'El Chancho'

El nombre del capataz es 'Benito'

El apodo del capataz es 'El Chancho',

pues me llamo, se apellida, le decimos y apodan piden un nombre de expresión; y el término de identidad es, dos nombres de expresión. Así, se los distinga o no tipográficamente, Antonia, Ancamil y El Chancho son en los ejemplos nombres de expresiones, y no los nombres propios habituales. Lo mismo vale mutatis mutandis cuando tales ejemplos son orales.

    Las oraciones verdaderas construídas con verbos como llamo, se llama, se apellida, decimos - en el sentido que tiene en el ejemplo - y apodan, o con el término de identidad es flanqueado por nombres de nombres o de apodos (v.g. el nombre del capataz, el apodo del capataz) son especialmente útiles para enseñar a usar un nombre propio. Pero conviene advertir que también son igualmente útiles al mismo propósito las oraciones verdaderas construídas de la manera habitual con el verbo de identidad SER y un nombre propio usado típicamente; p.ej.,

Yo soy Francisco Real (...). (J. L. Borges, 'Hombre de la esquina rosada')

Este falucho (...) es El Socanao (...). (V. Blasco Ibáñez, 'El establo de Eva')

aquel que sale es el coronel Valdelirio. (L. V. López, 'La gran aldea')

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    También suelen usarse nombres propios como sustantivos y como adjetivos.

 



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  Esteban Saporiti

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